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Monasterio de la Cartuja de Miraflores

La Cartuja de Miraflores En el bajo medioevo había en este lugar un coto de caza en el que el rey Enrique III levantó un palacio real para holgar. Su hijo, Juan II, cumpliendo la voluntad de su padre cambió para siempre el destino del palacio.

En 1.441 fue cedido para que se estableciera una comunidad de Cartujos bajo la advocación de San Francisco de Asís. Tras algunas demoras recibió el impulso definitivo al acceder al trono Isabel la Católica. El edificio fue diseñado en 1.454 por Juan de Colonia.

En ella trabajaron los mejores arquitectos, escultores y pintores de la época, Simón de Colonia, Gil de Siloé, Pedro Berruguete, etc..., convirtiéndose en uno de los conjuntos más destacados dentro del arte gótico de finales del siglo XV.

La Iglesia y la Capilla de la Cartuja de Miraflores pertenecen al monasterio cartujo fundado por Juan II de Castilla. El rey cedió en 1.442 (siglo XV) a los monjes el palacio de la quinta de recreo que había ordenado construir Enrique II hacia el año 1.400.

VISITA GUIADA POR LA CARTUJA DE SANTA MARÍA DE MIRAFLORES

Entrada y fachada de la Cartuja de Miraflores Una vez pasada la galería de entrada vemos la fachada principal y la puerta de la iglesia que está enmarcada por un arco conopial.

En el tímpano hay una imagen de la "Piedad", es decir, la Santísima Virgen con su Hijo muerto en sus brazos. A la izquierda del arco, figuran las armas reales de Castilla y León y, a la derecha, el escudo con la "banda engolada", distintivo personal de Juan II, ambos blasones se repiten en el interior de la iglesia.

El atrio de la iglesia tiene una bóveda de crucería cuyos arcos y nervios se adornan en su intersección con estrellas de piedra finamente caladas. En la pared derecha puede verse un ventanal, oculto durante siglos y descubierto recientemente, que perteneció, lo mismo que el muro en el que está abierto, al palacio de Enrique III el Doliente, padre del rey fundador.

Si seguimos avanzando entramos a la Estancia de los fieles. Es admirable la vista que presenta el interior de la iglesia contemplada desde este lugar. El arquitecto Juan de Colonia, respetando el estilo y costumbres cartujanas, construyó un templo de una sola nave dividida en distintos espacios: estancia de los fieles, coro de los Hermanos, coro de los padres y prebiterio.

Anunciación, de Pedro Berruguete Todos los monasterios de la orden Cartuja están dedicados a la Santísima Virgen, ésde de Miraflores está bajo la advocación de la Anunciación.

Una de las más bellas pinturas de esta escena es la tabla que cuelga a mano derecha.

Fue pintada por Pedro Berruguete hacia 1.500 y se observa una preocupación por el estudio de la perspectiva, el espacio y la luz. Muy destacable es la finura del rostro de la Santísima Virgen.

Enfrente de esta tabla, podemos ver un tríptico de grandes dimensiones que representa tres escenas: Camino del Calvario, Crucifixión y Llanto sobre Cristo muerto.

Tríptico flamenco de finales del s. XVFechada a finales del siglo XV, se trata de una pintura al óleo, anónima, de la escuela de Roger van der Weyden.

Una contemplación sosegada de las tablas revela en un segundo plano otras muchas escenas. Por ejemplo, en la tabla de la derecha se descubre la Resurrección, la Aparición a la Magdalena, los Discípulos Camino a Emaús y la Ascensión de Cristo.

El Coro de los Hermanos se encuentra entre la reja y los dos altares. La sillería renacentista fue realizada en nogal el año 1.558 por el cántabro Simón de Bueras.

De fecha anterior y de autor desconocido a la sillería es la puerta de la clausura, a la derecha, que llama la atención por la primorosa talla de los Evangelistas y los Padres de la Iglesia.

Los dos retablos barrocos (siglo XVII) son de orden compuesto, realizados por Policarpo de la Nestosa en madera dorada y muy decorados. Lo más bello del conjunto es la talla de la Inmaculada de Bernardo de Elcarreta situada en la parte superior de la puerta. La inscripción latina que tiene a los pies es muy apropiada: FELIX COELI PORTA (FELIZ PUERTA DEL CIELO).

Antes de seguir, alzando la mirada a izquierda y derecha, se puede contemplar un conjunto de vidrieras traídas de Flandes en 1.484. Las cinco del lado izquierdo representan escenas de la Pasión de Jesús, las del derecho la Resurrección y Gloria. Tiene un especial interés la más cercana al altar, a la derecha, el Descendimiento, por ser una de las mejores conservadas y por llevar la firma del vidriero: Claes Romb (Niclaes Rombouts).

Coro de los Padres El Coro de los Padres es el coro propiamente dicho y es de nogal oscuro. Está formado por cuarenta sillas talladas por Martín Sánchez de Valladolid en 1.489. Los dibujos de los respaldos se relacionan entre sí con gran armonía y, sin embargo, vistos de cerca, puede comprobarse que cada uno es distinto.

El facistol, situado en medio del coro, hace juego con la sillería y es del mismo artista. Sirve para sostener los libros utilizados en la misa y, sobre todo, en los oficios litúrgicos, llamados "Maitines", que los cartujos cantan a media noche.

La puerta, a la derecha, por la que los monjes entran a la iglesia es de estilo gótico y está adornada con ramos de encina, símbolo de la fortaleza. Los cartujos tienen gran devoción a la imagen gótica de alabastro cobijada bajo el arco y atribuida a Gil de Siloe. Representa a Nuestra Señora con el Niño Jesús sobre su rodilla en actitud de acompañarlos en el canto de la salmodia.

 

Presbiterio

De riquísimo detalle y de un sorprendente y original diseño alejándose de la tradicional división de cuerpos y calles es el retablo (1.496-1.499).

Gil de Siloe lo realizó en madera de nogal, dorada y policromada, en plena madurez de su creación artística. La excelente policromía, obra de Diego de la Cruz, incluye el empleo de una técnica conocida como "brocado aplicado" de difícil ejecución y muy costosa.

En el cuerpo superior del retablo destaca una gran corona de ángeles que dibujan la forma de la Hostia consagrada en la misa, de la cual el centro geométrico es Cristo en la cruz. Aquí Gil de Siloe ha logrado en la cabeza de Cristo una de sus más extraordinarias tallas. Sostienen la cruz el Padre con capa pluvial y tiara pontificia, y el Espíritu Santo representado curiosamente como un joven revestido de túnica, estola y con corona imperial.

Sobre la cruz, el pelícano símbolo del amor divino, pues se desangra por sus polluelos. Al pie de la cruz, la Virgen María y san Juan, el discípulo amado. En los círculos de los ángulos, todavía dentro de la gran rueda formada por los ángeles, hay cuatro escenas de la Pasión.

A su vez, la gran corona está enmarcada, como si fueran columnas, por las figuras de san Pedro y san Pablo, los pilares sobre los cuales Cristo fundó su Iglesia. Sobre ellos, los evangelistas-apóstoles san Juan y san Mateo, debajo, los otros dos evangelistas, san Marcos y san Lucas. En los espacios triangulares están los cuatro doctores de la Iglesia occidental: Gregorio, Ambrosio, Jerónimo y Agustín, venerados por su vida de santidad y por la profundidad teológica de sus escritos.

El cuerpo inferior del retablo tiene su propio centro en el Sagrario, que contiene la presencia viva y sacramental de Cristo. Sobre el sagrario, hay un nicho cuadrado que alberga una serie de altorrelieves fijados a un torno giratorio. Su fin es ayudar a los monjes a vivir con más intensidad los tiempos litúrgicos celebrados a lo largo del año, ya que cada uno de esos seis relieves corresponde a una de las grandes fiestas del calendario de la Iglesia: Nacimiento de Jesús, Bautismo, Resurrección, Ascensión, Pentecostés y Asunción de María.

A cada lado del Sagrario están los santos patronos de nuestra vida solitaria: Juan Bautista y María Magdalena. Al mismo nivel, pero más laterales, se sitúan santa Catalina de Alejandría, de gran devoción en la Edad Media, y Santiago Apóstol, invocado como patrono de España y "guiador" de sus reyes. Entre estas imágenes y en un plano superior, Gil de Siloe completó la serie de círculos con otros dos, a la izquierda, la Anunciación, y a la derecha, la Adoración de los Magos. Debajo de ellos, dos altorrelieves representan la Última Cena y el Prendimiento. En los extremos, Juan II "guiado" por el apóstol Santiago e Isabel de Portugal protegida con su santa patrona que tiene a su lado a su hijo, san Juan Bautista. Sobre los monarcas están sus respectivos escudos.

También son obra de Gil de Siloe los sepulcros (1.489-1.493), donde descansan los restos de Juan II e Isabel de Portugal, padres de Isabel la Católica, y los de su hermano, el infante Alfonso.

Cincelados en alabastro de Guadalajara es tal el detalle, la filigrana y tan rico el simbolismo que con razón, se los considera "un alarde de inspiración y belleza".

Del panteón real, en el centro, destaca la singularidad de su diseño, una estrella de ocho puntas.

Sobre la meseta reposan los yacentes ricamente ataviados acompañados por los Evangelistas y otros santos. En el lado de Juan II se cobijan en hornacinas diferentes esculturas: la Virgen de la Leche y siete figuras del Aniguo Testamento; en el de Isabel de Portugal las Virtudes, teologales y cardinales, y la Piedad.

El sepulcro del infante Alfonso, en actitud orante, y como sus padres, ricamente ataviado, está adosado al muro del Evangelio y aparence enmarcado por pilastras muy decoradas que acogen en parejas a los apóstoles. El basamento presenta decoración heráldica sostenida por dos ángeles y dos guerreros. Se corona el conjunto con la Anunciación.

En el lado norte de la iglesia se adosaron una serie de capillas en la primera mitad del siglo XVI.

La primera y más grande está presidida por una talla de madera policromada obra de Manuel Pereira, quien trabajó en la corte española en el siglo XVII. Representa al fundador, san Bruno. Con extraordinario acierto el artista refleja en su rostro la profunda e intensa vivencia de su intimidad con Dios. Si se contempla la cara desde distintos puntos parece que la expresión cambia.

La capilla siguiente está dedicada a Nuestra Señora de Miraflores. Unas pinturas murales del siglo XVII, retocadas posteriormente, representan algunos atributos de la Santísima Virgen inspirados en figuras del Antiguo y Nuevo Testamento.

Por la capilla siguiente se vuelve a entrar en la nave de la iglesia.

La última capilla tiene su entrada por el exterior y en ella se guarda el Santísimo Sacramento.

 

Fotografías de la Cartuja de Miraflores




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